¿Gestión Estratégica u Operativa?

Estar continuamente centrados en la gestión operativa (casi siempre urgente, no siempre importante) puede resultar tentador en el subconsciente. Nos mantiene ocupados todo el tiempo y demostramos a nuestro alrededor que estamos comprometidos.

Si bien, también nos regala excusas para no dedicarnos al análisis, la vigilancia de la competencia y el mercado, las decisiones sobre inversión o desinversión de las unidades de negocio, etc… Lo que nos condena a una actitud siempre reactiva y, prácticamente, a una deriva estratégica.

En un esfuerzo por diferenciar la gestión operativa de la estratégica, desarrollo al menos los siguientes criterios:

  • Horizonte temporal. La gestión operativa requiere una decisión a corto. La gestión estratégica establece movimientos a largo plazo (hoy por hoy este largo plazo casi ha quedado reducido a dentro de un año).
  • Visión. La gestión operativa trata de solucionar un problema relacionado con un área funcional de la empresa. La gestión estratégica involucra en sus decisiones a todos o casi todos los departamentos de la compañía.
  • Certidumbre. La gestión operativa cuenta (o debería) con la ventaja de la certidumbre de los números. Lo que facilita el análisis y el consenso en la toma de decisiones. La gestión estratégica suele basarse en estimaciones sobre lo que están maquinando los competidores, proveedores, el sector en su conjunto, la economía local y global,… Y casi lo que va a suceder en el futuro. Por ello, suele ser menos indiscutible.
  • Introversión vs. extroversión. La gestión operativa observa hacia dentro en busca de respuestas rápidas. La gestión estratégica, aparte del análisis interno, busca fuera lo que ocurre, cómo puede influirnos, qué amenazas u oportunidades se abren ante nosotros. Incluso se cuelan conceptos como diversificación, pensamiento lateral, design thinking, …
  • Número de aplicaciones. La gestión operativa puede establecer protocolos, normativas, políticas,… que solucionen hoy una incidencia y también solucionen parecidas en el futuro. Las decisiones estratégicas suelen basarse en el mundo cambiante actual (competencia, marco político-legal, fortalezas, debilidades, ciclos de vida,…) que no será igual al mundo cambiante mañana. De este modo las decisiones de estrategia raramente se repiten, y mucho menos pueden automatizarse.
  • Reactividad vs. proactividad. En momentos de crisis no toca pensar. Toca achicar agua. El plan de contingencia ya debería estar escrito antes de que se produzcan. La reactividad sobre qué movimiento operativo lanzamos sobre la marcha es dañina. Es necesario cultivar una cultura empresarial de la anticipación. Que nos exija periódicamente realizar estimaciones de las ventas, pero también estimaciones de los impactos de las amenazas y del advenimiento de las oportunidades. Hablamos, evidentemente, de gestión estratégica.

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 Gestión estratégica vs Gestión operativa

 

En resumen, las gestiones operativas son necesarias para la supervivencia hoy, si bien no garantizan de ningún modo la supervivencia mañana. Ahí es donde entra en juego la gestión estratégica.

Nos resulta claro que debemos aprovechar cualquier incendio para establecer protocolos que solucionen éste y las próximas incidencias parecidas. Así evitaremos algunas sensaciones de crisis en el futuro.

Por otro lado debemos exigirnos tiempo de calidad para el análisis estratégico. No permitamos un entretenimiento eterno y una sensación de misión cumplida, perdido en la gestión de incendios cortoplacistas.

En definitiva, reservar un hueco en la agenda para pensar en cómo alargar la vida de nuestras empresas, siendo nuestros propios capitanes y asegurándonos que llegamos al puerto que hemos planificado llegar y no al que los vientos caprichosamente nos han empujado.



Author: David Rueda Cantuche
Director de Marketing y BPO en Necomplus

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