En el compromiso medioambiental de las empresas, ¿dónde hacemos énfasis?, ¿en la prevención o en el control?

Decía en el último post que ese compromiso no es siempre convencido. Algunas empresas solo son capaces de ver en el medio ambiente un problema añadido a la ya compleja gestión empresarial, que tienen que cumplir en parte por imagen, para salvaguardar su reputación, y en parte para evitar las sanciones que la legislación prevé a los infractores.

Se trata de una visión muy de corto plazo en la gestión ambiental; de una gestión limitada al control final para no incurrir o minimizar problemas competitivos o legales, que en absoluto se plantea la posibilidad de que la gestión ambiental correcta pueda llegar a aportar valor relevante para la compañía.

Es cierto que, con esta visión, el coste en que incurre la empresa se limita a corregir los problemas solo cuando se producen, y también lo es que, salvo casos excepcionales, trabajando con normalidad no son frecuentes los problemas graves ocasionados al entorno y por tanto los costes de corrección básica no son extraordinarios. De esta forma, en las empresas que optan por esta práctica de control final, el coste en principio es menor que el que asume la empresa que tiene una visión de prevención para evitar que ocurran los problemas.

Pero esta es una visión muy simple y alejada de la que debería tener un directivo comprometido con la continuidad de su empresa y ocupado, por tanto, en preservar la reputación de la organización, en innovar y en mejorar constantemente la eficiencia de todos sus procesos para garantizar la capacidad de competir de la empresa.

Desde un planteamiento de eficiencia -como decía, implícito en la gestión-, la lógica del control, es verdad que llevada al extremo, solo supone costes para la empresa; es cierto que inicialmente menores que los de prevención, pero solo costes, sin ninguna aportación a la mejora. Es una lógica, por tanto, que atenta contra la eficiencia.

La lógica de la prevención, la que trata de evitar que se pueda producir un problema ambiental en cualquier fase del proceso productivo y de gestión, supone inicialmente asumir unos costes de estudio, tecnología, máquinas, etc. a lo largo de todo el proceso, mayores, en principio, que en el control final. Pero a cambio, esta lógica supone una revisión en profundidad de todas las fases de su proceso de producción y comercialización, la reingeniería de sus procesos para limitar al máximo el consumo de recursos, para reutilizar y reciclar las materias primas, subproductos,  residuos del proceso, mejorando simultáneamente la imagen de la compañía.

De esta forma, las empresas pueden mejorar de forma importante su eficiencia, tanto por reducción de sus costes vía mejora de procesos, menor consumo de materias primas, etc., como por la mejora de sus ingresos como consecuencia del incremento de las ventas asociado a la mejora de la reputación de la compañía.

La prevención, por tanto, puede y debe convertirse en una ventaja competitiva de las empresas que optan por esta lógica, frente a las menos convencidas que optan fundamentalmente por el control en los aspectos relacionados con su gestión medioambiental.



Author: Francisco
Colaborador del Círculo de Economía de Alicante.

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