¿A quién interesa la Formación?. Evaluación de la Formación. Sexta entrega.

La falta de evaluación correcta de la formación interna en las empresas es lo que ha llevado tradicionalmente en épocas de crisis a que la formación haya sido uno de los primeros gastos a ajustar cuando, en los programas de mejora de eficiencia, las empresas han abordado la reducción de gastos como una de las palancas más directas o más fácilmente abordables.

Pero la Formación interna en las empresas, en nuestra opinión, está precisamente en el otro extremo de la eficiencia. La Formación entiende de la otra palanca, de la mejora de los ingresos, ya que los empleados formados mejoran su cualificación y su capacidad para hacer las cosas que la empresa tiene que hacer, para favorecer sinergias entre ellos, para innovar…, para mejorar, en definitiva, los ingresos de la compañía y, por tanto, su eficiencia y sus resultados.

Una reflexión interesante en este punto, ya apuntada, es, en mi opinión, dilucidar para quién es importante la formación interna en las empresas: para la propia empresa o para el empleado. Y en este punto, en ocasiones aparecen posiciones muy encontradas: desde aquellas que defienden que la Formación interna es algo que interesa exclusivamente a la empresa para mejorar su posición competitiva –y por tanto corresponde a la empresa poner todo lo necesario para que esa formación se realice-, hasta los que defienden que la formación interna es algo que interesa fundamentalmente a los empleados, y que son ellos los que deben poner a disposición la mayor parte de los costes en que se incurre porque, al final, son los máximos beneficiados por la acción formativa.

En mi opinión, la verdad está a medio camino entre las dos posiciones opuestas.

Creo que la formación continua es imprescindible e interesa por igual a las dos partes a las que nos estamos refiriendo. Evidentemente interesa a la empresa para mantener y mejorar su capacidad de competir a través de su recurso más importante y menos copiable: sus empleados. Pero es que esta mejora de la competitividad de la empresa es lo único que puede asegurar la continuidad de la compañía en el tiempo, su progreso y, en consecuencia, las carreras profesionales de sus empleados, lo que interesa en gran medida también a la plantilla.

Y en otro análisis, la formación interna y continua en la empresa interesa directamente a los trabajadores, ya que los mantiene actualizados, capaces de responder a los retos a los que constantemente los somete el mercado; los mantiene “empleables”, es decir competitivos en un mercado laboral cada día más difícil y competido.

La Formación –sobre la que habitualmente toma la iniciativa la empresa, aunque también el empleado debe proponer, a nivel individual y colectivo, las líneas que considere más adecuadas tanto para realizar mejor el trabajo, llegar de manera más adecuada a los clientes, o implantar modelos más eficientes de dirección- por tanto, en mi opinión y sobre este pequeño debate existente en el seno de las empresas y a nivel colectivo, es un tema que interesa a las dos partes, y las dos tienen que poner lo mejor para facilitar el hecho formativo. Lo mejor en recursos, en tiempo, en disposición, en identificación de los temas y metodologías más adecuadas para la formación a realizar, etc.



Author: Francisco
Colaborador del Círculo de Economía de Alicante.

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